viernes, 3 de abril de 2009

VIVIR DE PUNTILLAS


Contemos lo que nunca narramos, los acontecimientos del día que se suponen pasaron desapercibidos por no considerarse más que detalles, los que se alejan de las obligaciones, la rutina, lo digno y lo habitual. Por ejemplo, descubres que fue una muy mala idea pintarte las uñas este fin de semana; ahora están hechas un asco. Medio despistadas, medio rotas, medio sucias,..., pero todo a medias. No hay acetona en casa. Cortarlas no ha servido de nada. Sales a la calle en busca del producto en cuestión y nadie tiene. A quien no les faltará seguro es a los chinos, sin embargo habrá que coger coche. Te ríes de ti, te consideras la única persona capaz de trasladarse a quince minutos de casa para ir en busca de acetona de chinos. Es motivo suficiente para poner una canción divertida en el cd del coche, bajar las ventanillas y no cantar, andamos sin voz. Por el camino, unos chicos guapos pintan las rayas de la carretera que cambia, a partir de ahora, de sentido. El tráfico se vuelve denso. Da tiempo para lanzar un beso volado, picar el ojo y soltar un piropo del tipo: "ay, mamá, qué rico". No ellos, sino yo (cosas de la igualdad de género...). En la cola, detrás de mí, un padre va haciendo muecas a un presunto bebé que lleva a la inversa, en el asiento delantero, en su capazo rojo. Las risas del niño se reflejan en la cara del hombre. Es una imagen preciosa y entrañable (cosas de la igualdad de género,...). Pasan en un descapotable una rubia de unos 60 años con su perro caniche. Ambos llevan cinturón de seguridad. El aire les revuelve pelos y orejas. LLevan hip hop a todo volumen (cosas más bien de la globalización de especies, países, culturas, edades y cirugías). Mi viaje termina tal y como yo esperaba, con acetona, y trabas del pelo para amigas y mi hermana, y nuevas chapas y un estuche de princesas Disney para la peque de Vane; hoy vienen a almorzar.

El día continua largo. Más tráfico denso me deja entrever lo bonito que resultan los coches que suben en dirección contraria a través de los huecos del túnel de Anchieta. En la paredes, el agua que ha caído desde un tubo, forma la imagen de un ángel.

El día se torna suave. Huele a lavanda y menta. Es tan suave como el aceite que termina en diferentes manos. Unas grandes y varoniles; las otras también. Unas simpáticas, alegres e inteligentes; las otras también. Unas galantes, educadas, y dedicadas a educar; las otras también. Unas asaltadas un poco por mí, como a la fuerza, sin entender por qué, las otras no, las otras se presentaron involuntariamente en la noche, para recibir mimos y sacarte de casa. Tenían la disculpa perfecta: ahora que están tan hidrataditas, te gano fijo al billar. Una cerveza y unos tacos para pasar la frontera de los días.

Al llegar a la cama, la sensación de estar viviendo de puntillas, en equilibrio, flotando sobre mis dedos, tocando el cielo, las estrellas, pudiendo alcanzar todo lo que deseo... ¡oh, no! no fue el efecto de las cervezas, ni siquiera me terminé una. Felizzzzzzzzzzzzzzzzzzz Díaaaaaaaaaaaaaaaaa. Un beso rico.

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