miércoles, 17 de junio de 2009

BESOS

La autopista ante mí. No estoy sola; hay decenas, cientos de coches en la misma dirección, que no con el mismo destino, pero el tráfico es fluido. Un día de sol, carril de adelantamiento. La luz intensa del astro mañanero se refleja en los salvarraíles nuevos, brillantes, plateados e impolutos. Mala señal. Algo nuevo en esta autopista es signo de accidente, de catástrofe personal o material. Imagino que ha tenido que ver con celebraciones, con el fútbol, con el alcohol, el fin de semana, la reacción eufórica de unos cuantos jóvenes con ganas de menospreciar la vida,... pero mi mente se distrae hacia otro tema, tengo de repente ganas de escribir; me pregunto por qué la inspiración llega siempre al volante de mi cacharro.




Pienso mucho al volante. Entonces, me vienen a la cabeza mi gente, mis preocupaciones, mis sueños, los deseos de encontrar rumbo, o perderlo del todo, mil y un proyectos profesionales. La cabeza gira y gira y gira, quisiera escribir acerca de algo hermoso, algo que despertara los sentidos e invitase a la evasión, a trasladarnos, lejos, como cualquiera de esos aviones que levantan vuelo, rápido, como mi desplazamiento, fuera, como el aire fuerte que batea nuestros tímpanos. Busco... No tengo nada mejor, ya sea para escribir como para compartir, que los besos, los dulces, frescos, apasionados, cariñosos, espontáneos, húmedos, robados, suspirados y añorados besos.




Recuerdo un pasaje del libro Afrodita, de Isabel Allende. Recuerdo precisamente ese pedacito en que describe que un beso debe ser sonoro y dejar huella,... y arrugo la nariz. No estoy de acuerdo, el único sonido que soporto en los besos es la respiración jadeante e intensa que resulta de dos que se devoran vivos, con los ojos cerrados, desconcentrados por completo, pero centrados en transmitir, apretar y tocar a la vez que el ritmo de las lenguas y los labios demuestran la coordinación de quienes, al menos en algunas cosillas, comienzan a entenderse a la perfección. La huella la dejan mis besos de todas formas, y no porque marque, que esas señales de sangre contenida y placentero hematoma, suelen llegar fruto más bien del mordisco, de la que desea contener el momento y a la persona causante del disfrute, hasta el punto de apretar las uñas, clavar los dientes, contener el grito. Pero, ¿juraría que me alejo del tema beso?... estoy llegando a un punto en el que justo los muac, muac, escasean ¿qué no? ¿qué justo en un climax eres capaz de besar? ¡Pues explícame cómo lo haces que resultará interesante e incluso instructivo! Yo, en ese instante, solo aspiro a procurar intensidad 10, tiempo ilimitado, distancia cero entre los dos cuerpos físicos que descargan su energía, directamente proporcional al trabajo realizado y elevado todo por lo menos al cuadrado; sin lugar para besos.


Mis besos son esos otros besos, los que se acercan despacio a rozarte, cerca, sin tocarte en un primer momento, de los que se anuncian por tus labios, mejillas y cuello, y se depositan sensuales y suaves para recorrerte de arriba a abajo, dejando el rastro del calor y la humedad sin excesos, del perfume y el sabor. Mis besos son esos otros besos que no aburren, que pueden prolongarse minutos y más y más minutos, y te exitan sin necesidad de otra cosa, y se desean y añoran, se transforman en el mejor de los recuerdos, extienden tu fama de buena besadora, y son la causa de que vuelvas, de que no te alejes nunca del todo, pues siempre podrás regresar un día a por más. Mis besos son esos otros besos que no dejan lugar a dudas, no podrás confundir el que te saluda, el que te consuela, el que te acoge con cariño, el que se alegra de conocerte, el que te
desea, el que te añora, el que te da la gracias...




"Hay besos, que se dan tan por costumbre,


que al final ya no se sabe si son costumbre o son besos


pero los que tu me das, son besos, y solo besos,


porque aunque tu no lo sepas te los robo cuando quiero".


Revólver




Mis besos son esos otros besos, abundantes, pero poco frecuentes, que regalas de corazón a una persona que consideras especial y diferente, que reconoces como auténtica, como una parte importante de tu vida, del momento que estás viviendo. Mis besos son esos otros besos " de la que besa de verdad, (...) de la que un beso de amor no se lo dan a cualquiera", y en todos y cada uno de ellos pongo amor, un amor distinto, un amor personal que se distingue de cualquier otro, porque solo a ti te pertenece. Mis besos son de esos otros besos irrepetibles y nuevos, nacidos solo para ti, que susurran tu nombre mientras beso, que respiran tu nombre mientras beso, que con los ojos cerrados, solo traen a mi cabeza tu aroma, tu tacto y la mirada que me dijo: -me encontraré feliz y como en una nube mientras me besas.




"Hoy descubrí con todas letras,


de una u otra forma unidas,


creo que no sabría explicar lo que con un beso te digo:


te digo lo sincero, te digo lo que de ti quiero,


te digo de mi espera, te digo mereció la pena,


tanto lustro de aprender a decir


con un simple beso".


Café Quijano




Mis besos son de esos otros besos que no faltan ni se niegan, que llegan cuando menos te lo esperas, que te despiertan al día, antes y más dulces que el primer sol, que te adormecen, que te pillan por sorpresa y por la espalda, pero sin traición, que te invitan a sonreír, que te recuerdan que eres maravilloso, amado, apreciado, valorado. Mis besos son de esos otros besos que dicen, que valen mas que mil imágenes y, por lo tanto, un millón de palabras. Mis besos, son esos besos, tan queridos, mimados y cuidados, que no son cualquier beso, sino besos de primera y besos imborrables que esperan de ti solo que respondas a mis besos.


¡¡¡¡¡¡¡¡MMmmmmmmmmmmmm!!!¡ay! ¿cómo despedirme?.... es evidente: con un abrazo.

jueves, 11 de junio de 2009

ASERTIVIDAD

Cuando me pongo a lanzar esas preguntitas semanales a modo de encuesta, os plantearéis qué pretendo. Nada del otro mundo, tan solo que reflexionemos en voz alta, que el eco de nuestros pensamientos alcance hasta nuestro corazón, el de adentro adentrito, y sondearos un poquito, eso también; pero solo un poquito. Parto de la premisa de que todas las respuestas y resultados serán dados por buenos, mientras hayan sido respuestas sinceras. Sobra aclarar que se mantiene un religioso respeto a la opinión personal, pero.... ¡macho!, ¡es que en uno de los casos me voy a tener que saltar las normas, que con una de las cuestiones no distéis ni un pelo en el blanco! En una de mis ritencuestas, sugería recordar aquello que últimamente habíamos olvidado. Solo una persona (y fui yo) votó por ser asertivo. Me llamó la atención. Pensé y pensé, y llegue a una conclusión: no es posible que no pretendan o quieran o persigan ser asertivos, más bien, puede que se trate de no saber exactamente en qué consiste y, claro, si ése es todo el problema, para eso estamos.

La asertividad es un principio vital e imprescindible que no podemos excluir de nuestras vidas. Es el equilibrio esencial que nos permite avanzar, y estar, y amar, y crecer, y madurar, y dar, y ser recibido,...

Pongamos, por ejemplo, que tenemos una relación de pareja, de esas que ya duran más de tres meses (a quien se le ocurra decir o pensar que eso en mi caso ya es mucho suponer, queda excluido de este blog y será condenado a ver cómo la casa se le llena de hormigas). Podemos proseguir. Pongamos que el próximo fin de semana es nuestro cumpleaños y nuestra pareja ha planeado irse de acampada con amigos. Podemos ser varias cosas, comportarnos de diversas maneras: a pesar de lo muy importante que sería para mí compartir este primer cumpleaños los dos juntos, me callo, trago, actúo de un modo pasivo y sufro. ¡Malooooooooo! Luego también puedo optar por la posibilidad de manifestarle con claridad que es mi cumpleaños y que, como se le ocurra largarse de farra con los amigotes, a la vuelta no me encuentra, y a ver dónde consigue otra como yo. Agresiva y ofensiva. Puede que logre lo que buscaba, pero malooooooooooooooo igualmente.


¿Otra forma de actuar que descarte pasividad o violencia?: podría informar o recordar mi cumpleaños, transmitir mi ilusión por compartirlo y sugerir que se encuentre un punto de acuerdo que pueda gustar a ambos. “No me importaría ir con vosotros; ¿qué puedes retrasarla?, ¡qué bueno!; que pretendes volver un día antes para pasar la tarde y noche conmigo; que irás, pero me recompensarás a la vuelta con el día mas increíble de mi vida...”. En definitiva, habrá tantas salidas como variantes de persona y relación existen. Lo que realmente importa es que será buenaaaaaaaass, porque se habrán concebido gracias a la equilibrada comunicación de dos que quieren entenderse.


La asertividad permite decir lo que uno piensa y actuar en consecuencia, haciendo lo que se considera más apropiado, defendiendo los propios derechos, intereses o necesidades sin agredir ni ser agredido. Una persona asertiva es tolerante, acepta los errores, se encuentra segura de sí misma y no padece infartos, como carta de presentación… ¡ no está mal del todo! La asertividad consiste en expresar auténtico afecto y aprecio por otras personas. Supone que uno se mantiene atento a lo bueno y valioso que hay en los demás y, habiéndose dado cuenta de ello, se muestra dispuesto a reconocer generosamente eso bueno y valioso y a comunicarlo de manera verbal, o no-verbal.


Venga, va, que alguien me quite la razón. ¿Es necesario recordar ser asertivos? ¿Debe convertirse en una de los fines alcanzables en las relaciones humanas la asertividad? ¿Qué perfil estamos adoptando: agresividad, pasividad, asertividad? ¿Crees que es posible alcanzar la asertividad-plus, inmejorable? Eso ya no lo sé, pero estoy segura de que sin práctica no llegamos ni a rozarla y nos topamos con más de un roce, de los chungos, en nuestra vida. Besos, besos, besos.


miércoles, 10 de junio de 2009

EL CUARTO PODER


Quinto poder es la última ocurrencia televisiva de la cadena telecinco. Es un concurso que consiste en presentar por internet un video de un minuto de duración, un curriculum y, a partir de ese momento, ser objeto de las votaciones y comentarios de los visitantes de la página. Más adelante, unas cuantas pruebas de cámara y alguna que otra entrevista, para terminar "convirtiéndote en un Quico Hernández o una Carmele Marchante"- cita de ese tal Jorge no sé qué con gafas, que me recuerda tanto a las alcahuetas aburridas de mi pueblo, que salen a la puerta de sus casas, bata descolorida sobre la ropa y manos cruzadas sobre la panza, para interrogarte acerca de tu vida sexual y amorosa, dado que ellas de esos temas solo oyeron hablar alguna vez, en plan leyenda urbana. Aparecerán muchos candidatos para este nuevo concurso, ¡están apareciendo!, porque la televisión tiene su gancho y esa peligrosa capacidad de atracción y convicción que le ha otorgado el nombre de caja boba, no por ella misma, sino por cómo se vuelven los que se sientan delante mucho tiempo y sin discriminar en sus elecciones.



Estos días puse a mis chicos una película en el aula (creo que ya se adivina, desde hace tiempo, que mi profesión es la de intentante de enseñantes): no descarto que desde una pantalla puedan proyectarse verdaderas obras de arte. La película escogida traía de serie todo el contenido pedagógico que quisieras. ¿Su título, dices?, Hotel Ruanda. Quien no la haya visto, sepa que narra la historia de un director de hotel, de la etnia hutu, en medio del conflicto ruandés que enfrenta a éstos con los tutsi. Paul, así se llama, que comienza queriendo proteger a su familia y vecinos, termina acogiendo más de un millar de personas refugiadas dentro de su hotel. ¿Qué pretendía con el visionado de este film? Trabajar y debatir, con chiquitines de 14 años, el conflicto interracial, las guerras civiles, el enfrentamiento entre iguales, la explotación occidental de África, las contradicciones esperpénticas de las fuerzas de la ONU, los intereses políticos y económicos que ocultan lo que no es de su conveniencia, la verdadera inteligencia, la emocional y práctica que, más allá de los estudios, te permite desenvolver en el mundo, y la influencia de la prensa en la conciencia de las gentes. Se le podía sacar meollo y a cualquier edad se puede invitar a reflexionar y manifestar, que mucho antes ya los están formando en el arte del consumo y otras tantas artimañas sin que a nadie le importe.



En Hotel Ruanda, lo primero que se oye, porque en un principio no existe plano alguno, es una emisora de radio revolviendo a las masas. Sus ideas son creídas y asimiladas de tal manera a lo largo de toda la película por las mentes robotizadas de los lugareños, que llega un momento en el que matan al presidente, o se cumple la orden de asesinar a todas las cucarachas tutsi. Si el locutor dice: id a por los peces gordos del hotel, porque ellos son la causa; se obedece. Si manda a exterminar a los niños para que no pueda darse una nueva generación, se cumple con ello. Si ordena bloquear el paso de un convoy de la ONU, van también a por la ONU. La voz del oscuro locutor, susurrante y monótona, cala dentro e hipnotiza.




Cuando comentamos, quién era el verdadero cabecilla de la matanza, mis chicos no señalaron al general que se dejaba sobornar, sino al empresario que vendía los machetes y al tipo de la radio. Reconocieron la influencia que los medios de comunicación ejercieron en esta matanza y comenzamos a debatir cómo influye en nosotros.




No existe lo que no está publicitado o no sale en la tele. Somos, pensamos y vestimos como nos marcan los medios de comunicación. Ejemplos, los que quieras: durante años las mujeres de Estados Unidos se han ido cambiando el corte de pelo acorde al que presentaba esta actriz que resulta ex- del Brad Pit y protagonizaba Friends, Jenifer Aliston, creo (retengo mejor nombres como Hugh Jackman, Ewan Mc Gregor, Jeremy Irons,... ¡qué ricos!). Durante meses, las niñas vistieron y vivieron como Rebeldes, a todo el mundo le inquieta la fiebre porcina que se ha cobrado un centenar de muertos, pero ni una de las personas que me lee sabría contestarme a ¿cuántos cientos de miles de muertos se han dado en la guerra del Congo y cuáles son sus causas? Mis chicos sí tienen esa respuesta, saben que se debe al coltán, y al beneficio económico que Francia ha visto en estas minas. El tema surgió a raíz de Hotel Ruanda, en demostración de que África no importa, es la maceta de hierbas que tenemos en el balcón, de la que cortamos lo que nos hace falta y dejamos de nuevo en su sitio a la espera de que sol y lluvia cuiden de ella.


Sé que Francia está gobernada por un presidente bajito, casado en segundas nupcias con una modelo que ya no puede usar tacón, tiene 40 años, eclipsa a Leticia Ortiz, está buenísima y ha posado desnuda. Que su primera mujer ha sacado un libro en que lo pone a parir, y todo esto lo sé por los telediarios. Pero, cuando ingenua de mí, he querido sentarme ante una pantalla para comprobar que el Congo también existe, me he terminado el almuerzo y hasta el café a la espera. Empiezo a sospechar que mis chicos creen que me inventé la guerra para impresionarles, porque si no sale en la tele no existe. Gracias a dios, ellos conviven en el aula con otros chicos africanos que les cuentan la odisea de cómo durante meses atravesaron África a pie para acudir al punto de encuentro desde donde salía su cayuco, cómo las chicas de su edad se pagaron el trayecto "consistiendo" relaciones sexuales, gracias a dios conviven con el testimonio de que África existe.


Leemos el periódico que comparte nuestra ideología política para no dejar de pensar como pensamos. Creemos al locutor que nos cae bien o es guapo, con más vehemencia que a nuestra pareja si llega con carmín en el cuello. Si nos dicen que Mc Donald usa gusanos criados en cautividad para sus hamburguesas de pollo, corremos al Burger King, si nos dicen que el verde pistacho pega con el rojo y que será la última moda, nos vestimos todos como la bandera portuguesa. ¿Recordáis la que montó Orson Wells por la radio cuando anunció una invasión extraterrestre para promocionar el libro de La guerra de los mundos? ¿o cómo ante la amenaza de una Guerra del Golfo, lejana y desconocida geográficamente por casi todos, a la gente le dio por comprar comida y llenar los bajos de la cama de azúcar, café y arroz que se agotaron en los supermercados y plagaron las casas de gorgojos? ¿Habéis visto cómo los chinos andan con mascarillas cada vez que salta una alarma?, yo sí, en la tele, la misma tele que anunció una plaga de medusas inmortales, no es broma, con la declaración de una prestigiosa bióloga y todo; pero sigue sin mencionar aquellas noticias humanas importantes, que no aportan ni morbo, ni audiencia, ni asco, pero pueden cambiar el curso de la historia de esas personas. Los medios de comunicación son el cuarto poder, quizás hasta un tercero o un segundo, tienen en sus manos las carreras profesionales de los primeros poderes. Lo saben, lo utilizan, nos utilizan y ¿qué queréis que os diga?, quién un día aspiró a ser utópicamente una periodista corresponsal, empieza a estar jarta (y que conste que soy consciente de que lo escribí con j), ala, buenos días y a pensar, pero solitos.

jueves, 4 de junio de 2009

EQUIVOCACIONES


Te detienes a observar uno de esos cachivaches tan chulos que no dejan de moverse, ésos con esferas de metal colgando, que una vez activas, continúan en su vaivén, en su golpeteo constante, una y otra vez, ante la mirada desesperada de quien empieza encontrar cargante el tic, tac, tic, tac, y termina por darse la vuelta, marcharse, soltar una barbaridad o permanercer más abobado de lo que por sí ya es uno. Cuando pones en marcha el aparatejo en cuestión, con toda tu sana curiosidad e ilusión, no eres consciente del berenjenal en el que te vas a meter o que esto no tendrá fin. Y el problema verdadero no radica en las bolitas ésas que, casualmente, abundan en las mesas de los ejecutivos o los psiquiatras (coincidencia que daría para un extenso estudio), sino en esos otros tic, tac vitales que se ponen de manifiesto en situaciones cargantes, que igualmente se ponen en marcha sin permitirte averiguar cómo sacártelos o salir de ellos.
Pudiera parecer, a partir de ahora, un poco negativo mi discurso, sin que fuera mi intención, pero entiendo también que la expresión de nuestros pesares a veces puede resultarnos más cercano, dado que evidenciamos cómo otros seres humanos sienten y padecen lo que nosotros mismos, y nos sentimos un poco menos solos en medio de nuestras dudas.
Confianza o desconfianza, mentira o verdad, silencio o enfrentamiento, compartir o callar, discutir o esperar,... nuestra vida se mueve alrededor de infinitos tic, tac martilleantes que nos provocan más un quebradero de cabeza y nos inundan de inseguridades. Es difícil adivinar cuándo alguien se acerca para hacerte daño, cuándo algo se hizo con una u otra intención, pues quizás ni siquiera la persona está siendo consciente del terrible efecto que causa en ti, pero sea como sea, se torna inevitable que en ti provoque sus consecuencias. Todos deseamos ser queridos, sentirnos arropados. Acudimos raudos al abrazo y la caricia, ya sea en momento de alegría y euforia, como en el de necesidad. Precisamos de compartir, de conocer y apreciar que nos conocen, que saben casi adivinar nuestros pensamientos y se anticipan a nuestros deseos. Para alcanzar un estado tan estupendo se precisa de la confianza, de poder permitirte el lujo de abrirte a una persona y regalar lo más íntimo. Y se pone en marcha el aparatejo... Un entramado de confidencias y experiencias compartidas que intensifican más y más el movimiento. Pero, ¿qué ocurre cuando sientes que te fallan, que te hacen daño, tergiversan tus palabras, persiguen manipularte, provocan situaciones nerviosas en las que por el amor y consideración que sientes por el otro callas? Sucede que esas bolitas de los cojones entran justo en el proceso, en la fase de golpetearte el ánimo y condicionar todo tu entorno. Porque el mal mayor no es la decepción recibida por quien adoras, son los efectos secundarios que te llevan a desconfiar de los demás, o los que te hacen replantearte tu sistema de vida, de creencias, y la sensación de que no eres buena persona, o la de que despiertas lo peor en las gentes, o la de que puedes haber hecho mal, o el darle la razón a ese conocido que siempre te dijo que te equivocas, que la mejor forma de ir por la vida es preparando siempre defensa a posibles ataques.... y cada vez se acelera y acentúa más el tic, tac y deseas no haber puesto jamas en marcha el mecanismo, porque te afecta en absolutamente todas las facetas de tu vida, una vida que ya cuesta un montón mantener en un mínimo de equilibrio como para que venga otro a descontrolarla, y deseas encerrarte en ti mismo para que no vuelva a suceder. ¡Silencio! Lo sabes perfectamente: somos seres sociales, eres una personita que, en este instante, en lo primero que está pensando y lo que está deseando es recibir un gesto de amor, porque necesitas y precisas del otro, aunque sepas llevarte muy bien contigo.

Te debates entre la contradicción, dar o no dar, confiar o no confiar, sentir o no sentir, compartir o no compartir, tic, tac, tic tac, ¡qué demonios! Ni se te ocurra dar marcha atrás; hacerlo por tres o cuatro fracaso supondrá no tener la oportunidad de topar con diez o veinte aciertos. Y hasta los idiotas que se acerquen a ti con la tarea sin hacer, y por lo tanto, puedan causarte mal, se transformarán en una lección, una experiencia que aportar a tu vida. En resumidas cuentas, aprovecha los tic, tac para estudiar cómo le afectan las temperaturas, las bajas presiones, a que velocidad impulsan las motas de polvo y qué reflejos de luz y colorines quedan atrapados en sus redonditas formas, pero no dejes de acercarte a los vaivenes de tu vida, porque no solo te recuerdan que eres un ser blandito y maravilloso, lleno de matices, sino que a tu alrededor también están los que vienen a quererte y frenar tus golpes; que tienes vida. Un beso, mis queridísimos y pacientes lectores de tan tremendas improvisaciones, que tengáis un buen día, yo lo tendré seguro, que si un balanceo de éstos se me atraviesa, ya lo aprovecharé para convertirlo en péndulo que me marque el ritmo de alguna linda melodía.


martes, 2 de junio de 2009

PERSONAJES IV


XAVIER


Cuando cierro los ojos y evoco su imagen, la primera palabra que me viene a la mente es "caballero". De no haber nacido en este tiempo, no hubiera sido un señor de armadura, que nadie se equivoque, su identidad y su época serían bien distintas. Porte, genio, talento y corazón lo habrían situado en una Europa fría de los años 30 o 40. Pudiera haber sido un músico francés, guitarra en mano durante el día, señor de sombrero de ala ancha; creador de artefactos durante la noche, hombre escondido tras un abrigo de cuello alto. Rapsoda, poeta, trovador, cantautor, creador de lo hermoso y lo particular, habría destrozado muchos de los tiernos corazones femeninos que se cruzaran a su paso. ¡Cuántas damas de cualquier edad caerían a sus pies!

Porque Xavier posee el irresistible atractivo del hombre equilibrado que compagina alma, mente y corazón. En Xavier continente y contenido van de la mano. A la vista queda un hombre guapo de bonitos ojos, diría que azules; mirada curiosa e infantil. Cuando se comtemplan esas dos esferas redonditas y dulces, tienes la impresión de que nada malo puede ocurrirte, de que puedes resguardarte calentita tras de sí. Él mira de frente y mira sereno. Rostro sonrosado, cabello corto, claro. De los labios... poco sabría decir. Solo mira a los labios la mujer que desea besar, y la verdad que, por el momento, éste no es mi caso. Nada podré contar de su boca, pero sí de su voz. ¡Ah! su voz, una caricia que contiene el eco mágico del susurro del mar, de la melodía que embruja a marineros y gaviotas. Canta, canta como los señores del sur, pero con ceseante acento del norte, canta como los amantes latinos, canta como los poetas protesta, los eruditos que aprendieron a entonar. De tan enigmático interior se adivina... lo mejor, ¡qué menos!

Muchos son aquéllos que se atreven a manporrear una guitarra y hacer coincidir unos cuantos acentos con otros tantos acordes, hasta terminar formando algo así como una canción. Hasta yo lo he logrado más de una vez. Sus hazañas y artes no se mueven únicamente por aquí. En Xavier es otra cosa, otro sentido,... ¿cómo explicarlo? Él es otro; particular.

Poneos en situación, os resultará menos complejo entenderme: un lugar frío y ambiente tenso. Una sala desprovista de todo encanto, repleta de cachibaches y aparatos con menos Feng shui que la casa de un torero, será nuestro escenario. Xavier nos ha llevado allí para compartir, en apariencia, una canción, un rato tranquilo, una conversación. Abre la boca, deja fluir palabras, ideas y sentimientos, y todo cambia. El triste cuartucho se torna el lugar ideal. Entonces, olvidas su cara linda, para permitirte apreciar solo el porte del mago y del sabio, para que sus muchísimos centímetros se multipliquen y eleven a la máxima potencia. Es ahora un héroe, hijo de dioses, señor de la humildad y la justicia.

Divago, puede que hasta exagere a los ojos de alguno, mas no me equivoco. Ante Xavier se desnuda la verdad. Es sorprendente cómo te conduce igual que un padre que enseña a montar en bici a su peque y , cuando menos te lo esperas, te suelta, para que de tu propia mano desveles los entresijos más íntimos de tu corazón, con la entera seguridad de que es tu deseo hacerlo. No podéis imaginar qué placer se siente al aprender de alguien que no pretende enseñar, que por el simple hecho de estar y existir es un modelo curioso que contemplas, analizas e imitas. O la satisfacción de poder seguir a quien ignora estarte sacando de un laberinto oscuro, que hace tanto tiempo que te agobia, o quizas sí, quizás estuviera al tanto de tus miedos, de tu angustia y haya querido rescatarte de forma discreta y elegante sin inmiscuirse en tus asuntos. Todo es posible tratándose de Xavier.

En el plano de la sobriedad y la cordura, describir a Xavier viene a ser, poco más o menos, lo que he querido engalanar: un hombre inteligente y culto, tierno, comedido, elegante, motivado, motivante, enamorado de su profesión, transmisor de la mejor de las enseñanzas, sincero, locuaz, creativo, simpático... ¿¡Qué queréis que os diga?!, que lamento no haberlo conocido antes, que siento haber desaprovechado la oportunidad de crecer más y más a su sombra. Pues sí, pero no me imitéis. Si tenéis la oportunidad y la suerte de tropezároslo en vuestra vida, aprovechad y disfrutad del momento. Quien lo busque y quiera reconocerlo, sepa que es el hombre que enamoró a la guitarra; preguntadle a ella.